El Casco que no conocemos

Article about tours organized and guided by ex-gang members around the old part of Panama city, and about the non-profit organization that helped these ex-gang members transform their lives.

Plaza Herrera, 5:00 p.m. Cinco jóvenes esperan frente a la estatua del general Tomás Herrera, listos para comenzar su gira por el Casco Antiguo. En menos de 10 minutos se han acercado más de 40 personas.

Matt Landau explica de qué trata el recorrido. Landau es cofundador de Esperanza Social Venture Club, una organización sin fines de lucro que es parte de la Fundación Calicanto. Esta se enfoca en la intervención y reintegración de pandilleros que viven en San Felipe.

Lo de hacer giras por el Casco Antiguo es una idea que surge entre expandilleros rehabilitados que son miembros de Esperanza, como una oportunidad para emprender un negocio en una comunidad que tanto necesita.

Ellos mismos arman el tour, que guían los miércoles, viernes y sábados. Landau los acompaña como traductor para los turistas que no hablan español. Él cuenta que los guías eran los líderes de la pandilla Ciudad de Dios, conocida como Fortaleza. Con el recorrido de esa tarde ya han realizado unos 20, calculó.

El traductor termina su introducción y los guías se presentan. El grupo se divide en cuatro. Nos toca Chino, de 30 años; está confiado y determinado por comenzar.

El recorrido incluye ocho puntos, comenzando por el American Trade Hotel, uno de los inmuebles más lujosos de la zona. Chino cuenta cómo la infraestructura, antes de su rehabilitación, estaba invadida por delincuentes; él era uno de esos invasores.

El antiguo inmueble no tenía nada en común con el hotel de ahora. Aunque la palabra “turista” sí era de uso frecuente, esta era utilizada en otro contexto: se escuchaba para avisar a los malhechores cuando en la planta baja aparecía una oportunidad para robar una cámara, un collar, una billetera… Este inmueble era conocido como Grayskull, el castillo con forma de calavera gigante y cuyo nombre sacaron de la cómica He-Man, de los años 1980.

Chino relata varias anécdotas; los turistas escuchan los detalles con atención. Nos lleva por lares totalmente desconocidos para mí. Aunque me considero fanática del Casco y me encanta conocer cada rincón de este, nunca se me había ocurrido aventurarme lejos de Plaza Herrera. Ahora lo hago protegida por un joven que meses atrás hubiera representado un peligro.

El recorrido avanza por calles olvidadas y edificios dilapidados, pero coloridos, con hombres y mujeres sentados en escaleras y sillas de plástico, escuchando música de Aventura o Rubén Blades. Usan las calles como sala de estar, y sale de la oscuridad de sus casas para respirar aire fresco.

Chino cuenta que el Gobierno mandó a desalojar varios edificios en los que él vivió. También cómo las pandillas se dividían las manzanas del barrio, y cómo la Policía lo detenía a cada rato. Eso le pasó incluso cuando ya estaba rehabilitado y trabajaba con turistas. Desconfiaban de él y lo encerraban en la cárcel hasta por tres días. “Ahora me ven con ustedes, y ni la cédula me piden”, dice con orgullo.

Chino y los demás expandilleros son muy honestos al atender cualquier pregunta; lo que los turistas –y también algunos panameños– quieran saber, ellos responden . Cuando alguien le pide que hable sobre su experiencia en la cárcel, agradece a Dios que “solo” le tocaron tres años, en una celda pequeña y hacinada.

Matt Landau cuenta que dos señoras de Nueva Zelanda preguntaron al guía en cuánto habría vendido una cámara como la que ellas llevaban. El expandillero calculó que ganaría unos $80. Al finalizar la excursión, cada una de ellas le entregó esa cantidad, en vez del precio habitual de $10 por persona. Poco a poco, los guías han entendido que sí hay interés por escuchar sus historias, y que existen personas dispuestas a brindarles una segunda oportunidad.

Tras más de una hora de recorrido, la excursión llega a su último punto: un callejón sin salida. Gente de todas las edades, residentes y visitantes, comparten una tarde pacífica. Los guías se ponen delantales y ahora son cocineros; preparan lo que aprendieron con José Olmedo, el cocinero y dueño del nuevo restaurante del barrio, Donde José.

Ofrecen un coctel que han denominado “Fortaleza”: una refrescante combinación de seco con canela, albahaca, azúcar, jugo de maracuyá y club soda. Como plato fuerte, y siendo la primera vez que lo cocinan, preparan pescado frito al ajillo, con crujientes patacones.

Cae la noche y el callejón se ilumina con pequeños focos que cuelgan de casa en casa. Los comensales se acomodan en sencillas mesas de madera y conversan sobre las vivencias del día. Todos comentan que el desarrollo económico que se ha visto en el Casco debe ir acompañado del desarrollo de sus habitantes. El grito de una niña interrumpe la conversación. La pequeña, sonriente, se asoma por una ventana. “Welcome Panama, Welcome Panama”, proclama.

– See more at: http://impresa.prensa.com/panorama/Casco-conocemos_0_3953604649.html#sthash.BtnBllC0.dpuf

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s